martes, mayo 20, 2008

La iglesia católica y sus contradicciones en la defensa de la vida

El argumento que usa la jerarquía católica en contra del aborto legal y seguro es que se mata a un embrión, peor a una "persona" dicen los obispos y cardenales, como si fueran expertos en embriología... Pero no, no se mata a una persona, porque un embrión de 12 semanas o menos no tiene cerebrom tampoco tallo cerebral, es decir, que no siente dolor, y menos puede pensar. Para ser una persona hay que poder pensar, tener conciencia de uno. Por ello matamos animales para comer, porque no tienen conciencia de sí (a excepción de animales como delfines y simios), no saben que existen. Un ser humano sí, y eso es gracias a que razona, a que piensa. Pero si sufre un accidente, y su cerebro muere, aunque su cuerpo no, se le llama muerte cerebal, y en esos casos se le puede legalmente desconectar de un respirador artificial, y eso la iglesia católica lo permite. Es la llamada eutanasia pasiva.

Lo mismo sucede en un aborto de menos de 12 semanas: no se mata a nadie, porque aun no hay alguien, porque no hay cerebro, ni menos pensamiento. Los que defienden el conjunto de células como si fueran personas, confunden el plano con la casa, y no son lo mismo...

Pero lo que sí llama la atención es la iglesia católica si ha estado en defensa de la muerte en el caso de muchas guerras, como en el caso de la guerra justa, como dice el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica. ¿Pero qué es una "guerra justa"? Escribe sobre esta doble moral de la jerarquía católica ya en 2006:


"Que facil es olvidar... ¿No se acordará (Ratzinger) de como fue cómplice de Juan Pablo II en la masacre de millones en Ruanda? Michel Onfray, el filósofo más leído ahora en Francia, explica lo que sucedió en ese capítulo de la historia de la iglesia católica en su último libro, Tratado de Ateología. Traducción mía:

"El tropismo de los cristianos por los exterminios en masa es antiguo y es duro. Así, recientemente, el genocidio de Tutsis por Hutus en Ruanda, sostenido, defendido, cubierto por la institución católica in situ y por el soberano pontífice mismo, mucho más pronto a manifestarse por sacerdotes criminales de guerra genocidas... escaparan al pelotón de ejecución, que ofrecer una sola palabra de compasión a la comunidad tutsi.

Porque en Ruanda, país mayoritariamente cristiano, la iglesia practicó desde antes del genocidio la discriminación racial para la entrada al seminario, la formación, la dirección de las escuelas católicas, la ordenación o el avance dentro de la jerarquía eclesial. Durante el genocidio, algunos miembros del clero participaron activamente: en la compra y preparación de los machetes por miembros de la institución católica, localización de las víctimas, participación activa en los actos de barbarie - encierro en una iglesia, incendio de ésta, desaparecer las cenizas con un bulldozer -, denuncia, movilizaciones después de las prédicas, conducción de un discurso racista...

Después de las masacres, la iglesia católica persiste: utilizar los conventos para sustraer algunos culpables cristianos de la justicia, activación de sus redes para permitir la partida de tal o tal criminal hacia países europeos, proporción de boletos de avión hacia Europa gracias a una asociación humanitaria cristiana - Caritas internationalis - , reciclaje de los sacerdores culpables en curatos de la provincia belga o francesa, encubrir a los obispos involucrados, acudir a posiciones negacionistas - se rechaza usar el término genocida para preferir hablar de guerra fraticida...

Silenciosos en sus preparativos, silencio durante las masacres - cerca de un millón de muertes en tres meses (entre abril y junio de 1994) - silencioso después del descubrimiento de la amplitud de la masacre... Juan Pablo II sale de su mutismo para escribir una carta al presidente de la república de Ruanda el 23 de abril de 1998. ¿Su contenido? ¿El deplora? ¿Se compadece? ¿Hace arrepentimiento? ¿Culpa a su clero? ¿Se solidariza? No, nada de eso: él demanda que se le perdone la pena de muerte a los genocidas hutus. Nunca daría una palabra para las víctimas."

Y falta, especialmente hablar como la iglesia ha hecho una guerra contra el cuerpo, pero eso será para otro día... Y claro, si van a ver Karol, la película biográfica de JPII pronta a estrenarse, no verán nada sobre el genocidio de Ruanda, y sobre el silencio de Ratzinger."


Javier Flores cuenta más sobre la hipócrita defensa de la vida de la iglesia católica hoy en La Jornada.


1 comentario:

talmid dijo...

Quien tiene muerte cerebral está en proceso de morir y la Iglesia está de acuerdo con no impedir la muerte. Un embrión está desarrollando su vida y la Iglesia aboga por permitir esa vida.