| Tabacaleras impunes y protegidas 30 de mayo de 2009 |
| El tabaco es la droga que más vidas cobra y que más cuesta en dinero en México y en el mundo, y el tabaquismo es la epidemia más devastadora en este país. La Secretaría de Salud estima 60 mil muertes al año causadas por el tabaco; 165 muertes todos los días. Pagamos en servicios de salud requeridos por el tabaquismo alrededor de 30 mil millones de pesos anuales. En febrero de 2008 el Congreso aprobó la Ley General para el Control del Tabaco, que en su artículo segundo transitorio ordena al Presidente publicar el reglamento en un plazo no mayor a seis meses después de su entrada en vigor. Al escribir estas líneas, un día antes del Día Mundial sin Tabaco, el presidente Calderón no ha publicado el reglamento y en consecuencia viola la Ley General para el Control del Tabaco. Excusándose en la omisión de su jefe, sus subalternos sostienen que no pueden aplicar la ley sin reglamento. Suponiendo que mañana el Presidente publique el tan esperado reglamento, el resultado será que durante un año las tabacaleras se habrán publicitado impunemente en revistas accesibles a jóvenes y niños; habrán anunciado sus productos abiertamente en la vía pública so pretexto de promover conciertos; habrán patrocinado conciertos en descarado y exitoso desafío a la prohibición que al respecto les impone la ley. Este ha sido un año en el que los restaurantes y bares del país han continuado saturados de humo; un año en que la ley no es más que papel; un año durante el cual habrían muerto 60 mil mexicanos más a causa del tabaquismo; un año en el que cientos o miles de jóvenes mexicanos se engancharon en el tabaquismo a raíz de la negligencia presidencial. ¿Qué ha hecho el Presidente? Primero se tardó tres meses en publicar la ley; tres meses totalmente innecesarios: una concesión gratuita a las tabacaleras. Cuando publicó la ley parece que olvidó el reglamento. ¿Qué ha pasado? Un sentir generalizado en movimiento por el control del tabaco identifica al obstáculo principal en el director de Asuntos Jurídicos de la secretaría, Bernardo Fernández del Castillo (el mismo que ha sido vinculado al cardenal Norberto Rivera y al controvertido líder de ProVida, Jorge Serrano Limón), y su equipo de abogados: estos abogados han buscado tenazmente ablandar el reglamento y logrado entorpecer su emisión; una y otra vez invocan la libertad de comercio en defensa de las tabacaleras e interpretan la ley lo más estrechamente posible; argumentan que la ley no otorga poder suficiente al Ejecutivo y amenazan con el petate del muerto: caerá una “lluvia de amparos”. Nunca los he escuchado invocar el derecho a la salud y nunca he visto autoridad tan temerosa del amparo y de los entes que está obligada a regular. No sé si el director de Asuntos Jurídicos de la Secretaría de Salud trabaje o no para la industria tabacalera, pero hace exactamente lo que esperaríamos de los abogados de las tabacaleras: minimizar el daño que a sus intereses económicos representa la regulación. El viernes pasado el diputado local Xiuh Tenorio exigió que el secretario aclarara públicamente si su director jurídico trabaja o alguna vez ha trabajado para, o prestado servicios a, algún miembro de la industria tabacalera. Me sumo a la petición del diputado Tenorio. Lo más preocupante es que todo indica que las tabacaleras se verán beneficiadas una vez que el Presidente publique el reglamento: se prepara una versión light que permitiría servir comida y bebida en las zonas de fumadores. Si así lo decide el Presidente, estará violando nuevamente el texto expreso de la ley, que con toda claridad señala que estas zonas deben ser “exclusivamente para fumar”. Todo indica que la posición timorata frente a las tabacaleras encarnada en los abogados de Fernández del Castillo prevalecerá sobre la posición comprometida con la salud pública sostenida por los médicos y epidemiólogos capitaneados por el subsecretario Mauricio Hernández y respaldados por el secretario Córdova Villalobos. Veremos si las políticas de salud del presidente Calderón las deciden los médicos y epidemiólogos del secretario o los abogados del director de Asuntos Jurídicos. Felipe Calderón ha construido su presidencia llamando a luchar en la “guerra contra las drogas”. En nombre de su guerra nos ha pedido —y nos pide— a los mexicanos que aceptemos la merma constante y sistemática de nuestras garantías constitucionales, y una confianza ciega que le permita dotar de más y más discrecionalidad a los cuerpos represivos del Estado. Si al presidente Calderón realmente le importara la salud de los mexicanos, si realmente quisiera enfrentar el problema de salud pública que representan las drogas, habría ya tomado medidas efectivas contra la más dañina de todas las drogas que hoy consumimos los mexicanos: el tabaco. Si le importara la salud, no se conduciría con la negligencia con la que hoy favorece los intereses de los grandes empresarios tabacaleros, entre ellos a Carlos Slim. Pareciera que Felipe Calderón no sabe regular: prohíbe y reprime (drogas ilícitas) o deja en absoluta libertad a los mercaderes de drogas (tabaco). Ni una ni otra política funciona: el consumo de drogas hay que regularlo y regularlo fuertemente. En lo que se refiere al tabaco, el Presidente ha sido, durante un año, negligente. Si al publicar el reglamento el Presidente privilegia la afinidad ideológica que pueda sentir por Fernández del Castillo por encima de la capacidad profesional del secretario Córdova Villalobos y su equipo de médicos y epidemiólogos, sabremos que no tiene la intención de corregir el camino. alejandro@madrazolajous.com |
domingo, mayo 31, 2009
¿Por qué no publica Calderón el reglamento de ley contra el tabaquismo?
lunes, mayo 04, 2009
Las 100 personas más influyentes del mundo
La revista Time publica su lista anual de la 100 personas más influyentes del mundo. No es una lista de las más inteligentes, decentes, guapas... sino de eso, las más influyentes. En la Tierra habitamos 6500 millones de personas, solo 100 están en esa lista, y mexicanos hay dos: Carlos Slim, empresario legal, y el Chapo Guzmán, empresario ilegal. Esas dos personas son como los dos reflejos de México, sus dos caras.
martes, febrero 17, 2009
Denise Dresser le escribe a Carlos Slim
Carta abierta a Carlos Slim
DENISE DRESSER
Estimado Ingeniero: Le escribo este texto como ciudadana. Como consumidora. Como mexicana preocupada por el destino de mi país y por el papel que usted juega en su presente y en su futuro. He leído con detenimiento las palabras que pronunció en el Foro Qué Hacer Para Crecer y he reflexionado sobre sus implicaciones. Su postura en torno a diversos temas me recordó aquella famosa frase atribuida al presidente de la compañía automotriz General Motors, quien dijo: “Lo que es bueno para General Motors es bueno para Estados Unidos”. Y creo que usted piensa algo similar: Lo que es bueno para Carlos Slim, para Telmex, para Telcel, para el Grupo Carso, es bueno para México. Pero no es así. Usted se percibe como solución cuando se ha vuelto parte del problema; usted se percibe como estadista con la capacidad de diagnosticar los males del país cuando ha contribuido a producirlos; usted se ve como salvador indispensable cuando se ha convertido en bloqueador criticable.
De allí las contradicciones, las lagunas y las distorsiones que plagaron su discurso, y menciono las más notables: –Usted dice que es necesario pasar de una sociedad urbana e industrial a una sociedad terciaria, de servicios, tecnológica, de conocimiento. Es cierto. Pero en México ese tránsito se vuelve difícil en la medida en que los costos de las telecomunicaciones son tan altos, la telefonía es tan cara y la penetración de internet de banda ancha es tan baja. Eso es el resultado del predominio que usted y sus empresas tienen en el mercado. En pocas palabras, en el discurso propone algo que en la práctica se dedica a obstaculizar. –Usted subraya el imperativo de fomentar la productividad y la competencia, pero a lo largo de los años se ha amparado en los tribunales ante esfuerzos regulatorios que buscan precisamente eso. Aplaude la competencia, pero siempre y cuando no se promueva en su sector. –Usted dice que no hay que preocuparse por el crecimiento del Producto Interno Bruto; que lo más importante es cuidar el empleo que personas como usted proveen.
Pero es precisamente la falta de crecimiento económico lo que explica la baja generación de empleos en México desde hace años. Y la falta de crecimiento está directamente vinculada con la persistencia de prácticas anticompetitivas que personas como usted justifican. –Usted manda el mensaje de que la inversión extranjera debe ser vista con temor, con ambivalencia. Dice que “las empresas modernas son los viejos ejércitos. Los ejércitos conquistaban territorios y cobraban tributos”. Dice que ojalá no entremos a una etapa de Sell Mexico a los inversionistas extranjeros, y cabildea para que no se permita la inversión extranjera en telefonía fija. Pero al mismo tiempo usted, como inversionista extranjero en Estados Unidos, acaba de invertir millones de dólares en The New York Times, en las tiendas Saks, en Citigroup. Desde su perspectiva incongruente, la inversión extranjera se vale y debe ser aplaudida cuando usted la encabeza en otro país, pero debe ser rechazada en México.
Usted reitera que “necesitamos ser competitivos en esta sociedad del conocimiento y necesitamos competencia; estoy de acuerdo con la competencia”. Pero al mismo tiempo, en días recientes, ha manifestado su abierta oposición a un esfuerzo por fomentarla, descalificando, por ejemplo, el Plan de Interconexión que busca una cancha más pareja de juego.
Usted dice que es indispensable impulsar a las pequeñas y medianas empresas, pero a la vez su empresa –Telmex– las somete a costos de telecomunicaciones que retrasan su crecimiento y expansión.
Usted dice que la clase media se ha achicado, que “la gente no tiene ingreso”, que debe haber una mejor distribución del ingreso. El diagnóstico es correcto, pero sorprende la falta de entendimiento sobre cómo usted mismo contribuye a esa situación. El presidente de la Comisión Federal de Competencia lo explica con gran claridad: Los consumidores gastan 40% más de lo que debieran por la falta de competencia en sectores como las telecomunicaciones. Y el precio más alto lo pagan los pobres.
Usted sugiere que las razones principales del rezago de México residen en el gobierno: la ineficiencia de la burocracia gubernamental, la corrupción, la infraestructura inadecuada, la falta de acceso al financiamiento, el crimen, los monopolios públicos. Sin duda todo ello contribuye a la falta de competitividad. Pero los monopolios privados como el suyo también lo hacen.
Usted habla de la necesidad de “revisar un modelo económico impuesto como dogma ideológico” que ha producido crecimiento mediocre. Pero precisamente ese modelo –de insuficiencia regulatoria y colusión gubernamental– es el que ha permitido a personas como usted acumular la fortuna que tiene hoy, valuada en 59 mil millones de dólares. Desde su punto de vista el modelo está mal, pero no hay que cambiarlo en cuanto a su forma particular de acumular riqueza. La revisión puntual de sus palabras y de su actuación durante más de una década revela entonces un serio problema: Hay una brecha entre la percepción que usted tiene de sí mismo y el impacto nocivo de su actuación; hay una contradicción entre lo que propone y su forma de proceder; padece una miopía que lo lleva a ver la paja en el ojo ajeno e ignorar la viga en el propio. Usted se ve como un gran hombre con grandes ideas que merecen ser escuchadas. Pero ese día ante los diputados, ante los senadores, ante la opinión pública, usted no habló de las grandes inversiones que iba a hacer, de los fantásticos proyectos de infraestructura que iba a promover, del empleo que iba a crear, del compromiso social ante la crisis que iba a asumir, de las características del nuevo modelo económico que apoyaría.
En lugar de ello nos amenazó. Nos dijo –palabras más, palabras menos– que la situación económica se pondría peor y que ante ello nadie debía tocarlo, regularlo, cuestionarlo, obligarlo a competir. Y como al día siguiente el gobierno publicó el Plan de Interconexión telefónica que buscaría hacerlo, usted en respuesta anunció que Telmex recortaría sus planes de inversión. Se mostró de cuerpo entero como alguien dispuesto a hacerle daño a México si no consigue lo que quiere, cuando quiere. Tuvo la oportunidad de crecer y en lugar de ello se encogió. Sin duda usted tiene derecho a promover sus intereses, pero el problema es que lo hace a costa del país. Tiene derecho a expresar sus ideas, pero dado su comportamiento es difícil verlo como un actor altruista y desinteresado que sólo busca el desarrollo de México.
Usted sin duda posee un talento singular y loable: sabe cuándo, cómo y dónde invertir. Pero también despliega otra característica menos atractiva: sabe cuándo, cómo y dónde presionar y chantajear a los legisladores, a los reguladores, a los medios, a los jueces, a los periodistas, a la intelligentsia de izquierda, a los que se dejan guiar por un nacionalismo mal entendido y aceptan la expoliación de un mexicano porque –por lo menos– no es extranjero. Probablemente usted va a descalificar esta carta de mil maneras, como descalifica las críticas de otros. Dirá que soy de las que envidian su fortuna, o tienen algún problema personal, o una resentida. Pero no es así. Escribo con la molestia compartida por millones de mexicanos cansados de las cuentas exorbitantes que pagan; cansados de los contratos leoninos que firman; cansados de las rentas que transfieren; cansados de las empresas rapaces que padecen; cansados de los funcionarios que de vez en cuando critican a los monopolios pero hacen poco para desmantelarlos.
Escribo con tristeza, con frustración, con la desilusión que produce presenciar la conducta de alguien que podría ser mejor. Que podría dedicarse a innovar en vez de bloquear. Que podría competir exitosamente pero prefiere ampararse constantemente. Que podría darle mucho de vuelta al país pero opta por seguirlo ordeñando. Que podría convertirse en el filántropo más influyente pero insiste en ser el plutócrata más insensible. John F. Kennedy decía que las grandes crisis producen grandes hombres. Lástima que, en este momento crítico para México, usted se empeña en demostrarnos que no aspira a ser uno de ellos.

miércoles, febrero 04, 2009
¿Qué hará la élite mexicana con la verdad sobre el Padre Maciel?
La élite económica y política mexicana ha estado muy cercana a la Legión de Cristo por una poderosa razón: la Legión se ha convertido a través de sus escuelas en un espacio de relaciones públicas, es decir de hacer negocios.
Pero el precio ha sido alto: a través de su movimiento de laicos, el Regnum Christi, ha manipulado a miles de mujeres jóvenes (igual como hace el Opus Dei) para que sean consagradas, es decir, prometan castidad y se dediquen a buscar dinero para la Legión., es decir buscan chicas inseguras, inmaduras, y les lavan la cabeza para usarlas. El Regnum Christi es una secta dentro de la Legión, pero toda la orden es una conspiración en sí misma. ¿Sabían que los legionarios aparte de sus votos normales deben hacerle unos votos privados a la orden? Es decir, prometen no criticar jamás a sus superiores, especialmente a Maciel, y acusar a quien lo haga. La Legión se convirtió en una espacio de encubrimiento total, por eso sale hasta hora, después de un año de muerto Maciel, solo parte de la verdad. Y ahora que poco a poco empieza a aparecer la verdad... ¿qué hará la élite mexicana? Hasta hace poco negaba todo, libros salían sobre Maciel, y la élite negaba que lo que decían fuera verdad. Ahora, con las nuevas revelaciones, tendrá que repensar muchas cosas.... Más sobre la doble vida de Marcial Maciel en vowsofsilencefilm.com
lunes, febrero 02, 2009
Denise Dresser explica porqué no crece México

Hace unos días, la profesora-investigadora del ITAM, la Dra. Denisse Dresser dio esta ponencia en el Foro "México ante la Crisis" convocado por el Senado de la República. Ella se quejo ante los senadores de haber sido la única mujer invitada al foro. Debido a la claridad del texto, lo pongo todo completo. Explica porqué México no crece economicamente lo que debería...
29 de enero de 2009
México es un país privilegiado.
Tiene una ubicación geográfica extraordinaria y cuenta con grandes riquezas naturales. Está poblado por millones de personas talentosas y trabajadoras.
Pero a pesar de ello, la pregunta perenne sigue siendo: ¿por qué no crece a la velocidad que podría y debería? ¿Por qué seguimos discutiendo este tema año tras año, foro tras foro?
Aventuro algunas respuestas, y les pediría que me acompañaran en un ejercicio intelectual, recordando aquel famoso libro de Madame Calderón de la Barca llamado "La vida en México", escrito en el siglo XVII, en el cual intenta describir las principales características del país.
Si Madame Calderón de la Barca escribiera su famoso libro hoy, tendría que cambiarle el título a "Oligopolilandia". Porque desde el primer momento en el que pisara el país, se enfrentaría a los síntomas de una economía política disfuncional, con problemas que la crisis tan sólo agrava.
Aterrizaría en uno de los aeropuertos más caros del mundo; se vería asediada por maleteros que controlan el servicio; tomaría un taxi de una compañía que se ha autodecretado un aumento de 30% en las tarifas, y si tuviera que cargar gasolina, lo haría sólo en Pemex.
En el hotel habría 75% de probabilidades de que consumiera una tortilla vendida por un solo distribuidor, y si se enfermara del estómago y necesitara ir a una farmacia, descubriría que las medicinas allí cuestan más que en otros lugares que ha visitado.
Si le hablara de larga distancia a su esposo para quejarse de esta situación, pagaría una de las tarifas más elevadas de la OCDE. Y si prendiera la televisión para distraerse ante el mal rato, descubriría que sólo existen dos cadenas.
Para entender la situación en la que se encuentra, tendría que recordar lo que dijo Guillermo Ortiz hace unos días: no hemos creado las condiciones para que los recursos se usen de manera eficiente; o tendría que leer el libro "Good Capitalism/Bad Capitalism", que explica por qué algunos países prosperan y otros se estancan; por qué algunos países promueven la equidad y otros no logran asegurarla.
La respuesta se encuentra en la mezcla correcta de Estado y mercado, de regulación e innovación. La clave del éxito -o el fracaso- se halla en el modelo económico: en la decisión de promover el capitalismo de Estado o el capitalismo oligárquico o el capitalismo de las grandes empresas o el capitalismo democrático.
Hoy México es un ejemplo clásico de lo que el Nobel de Economía Joseph Stiglitz denomina crony capitalism: el capitalismo de cuates, el capitalismo de cómplices, el capitalismo que no se basa en la competencia sino en su obstaculización.
Ese andamiaje de privilegios y "posiciones dominantes" y nudos sindicales en sectores cruciales -telecomunicaciones, servicios financieros, transporte, energía- que aprisiona a la economía y la vuelve ineficiente. Una mezcla de capitalismo de Estado y capitalismo oligárquico.
Hoy, México -inmerso en la crisis- está aún lejos de acceder al capitalismo dinámico donde el Estado no protege privilegios, defiende cotos, elige ganadores y permite la perpetuación de un pequeño grupo de oligarcas con el poder para vetar reformas que los perjudican.
Al capitalismo en el cual las autoridades crean condiciones para los mercados abiertos, competitivos, innovadores, que proveen mejores productos a precios más baratos para los consumidores. Para los ciudadanos.
Hoy, México carga con los resultados de esfuerzos fallidos por modernizar su economía durante los últimos 20 años.
Las reformas de los 80 y 90 entrañaron la privatización, la liberalización comercial.
Pero esas reformas no produjeron una economía de mercado dinámica debido a la ausencia de una regulación gubernamental eficaz, capaz de crear mercados funcionales, competitivos.
En vez de transparencia y reglas claras, prevaleció la discrecionalidad entre los empresarios que se beneficiaron de las privatizaciones y los funcionarios del gobierno encargados de regularlos.
Las declaraciones de Agustín Carstens el martes pasado, en torno a la necesidad de combatir los monopolios en telefonía, son bienvenidas.
Lamentablemente, se dan 18 años tarde. Y allí están los resultados de reformas quizás bien intencionadas, pero mal instrumentadas: una economía que no crece lo suficiente, una élite empresarial que no compite lo suficiente, un modelo económico que concentra la riqueza y distribuye mal la que hay.
Hoy, México está atrapado por una red intrincada de privilegios y vetos empresariales y posiciones dominantes en el mercado que inhiben un terreno nivelado de juego.
Una red descrita en el famoso artículo de la economista Anne Kruege: "The Political Economy of the Rent-Seeking Society" ("La Economía Política de la Sociedad Rentista").
Una red que opera a base de favores, concesiones y protección regulatoria que el gobierno ofrece y miembros de la cúpula empresarial exigen como condición para invertir.
¿Quién? Alguien como el dueño de una distribuidora de maíz o el concesionario de una carrera privada o el comprador de un banco rescatado con el Fobaproa o el principal accionista de Telmex o el operador de una Afore.
Estos actores capturan rentas a través de la explotación o manipulación del entorno económico en lugar de generar ganancias legítimas a través de la innovación o la creación de riqueza.
Y los consumidores de México contribuyen a la fortuna de los rentistas cada vez que pagan la cuenta telefónica. La conexión a Internet. La cuota en la carretera. La tortilla con un precio fijo. La comisión de las Afores. La comisión por la tarjeta de crédito. Ejemplo tras ejemplo de rentas extraídas a través de la manipulación de mercado.
Y el rentismo acentúa la desigualdad, produce costos sociales, dilata el desarrollo, disminuye la productividad, aumenta los costos de transacción en una economía que -ante el imperativo de la competitividad- necesita disminuirlos.
Para extraer rentas, los "jugadores dominantes" han erigido altas barreras de entrada a nuevos jugadores, creando así cuellos de botella que inhiben la innovación y, por ende, el aumento de la productividad.
Estos cuellos de botella inhiben el crecimiento de México en un mundo cada vez más globalizado y competitivo, y son una razón clave detrás de la persistente desigualdad social, como lo sugiere el reporte del Banco Mundial sobre México titulado: "Más allá de la polarización social y la captura del Estado".
La concentración de la riqueza y del poder económico entre esos "jugadores dominantes" con frecuencia se traduce en ventajas injustas, captura regulatoria y políticas públicas que favorecen intereses particulares.
Peor aún, convierte a representantes del interés público -muchos de los diputados y senadores sentados aquí- en empleados de los intereses atrincherados. Convierte al gobierno en empleado de las personas más poderosas del país.
Y lleva a las siguientes preguntas: ¿Quién gobierna en México? ¿El Senado o Ricardo Salinas Pliego cuando logra controlar los vericuetos del proceso legislativo? ¿La Secretaría de Comunicaciones y Transportes o Unefon? ¿La Comisión Nacional Bancaria o los bancos que se rehúsan a cumplir con las obligaciones de transparencia que la ley les exige? ¿ La Secretaría de Eduación Pública o Elba Esther Gordillo? ¿La Comisión Federal de Competencia o Carlos Slim? ¿Pemex o Carlos Romero Deschamps? ¿Ustedes o una serie de intereses que no logran contener?
Porque ante los vacíos de autoridad, la captura regulatoria y las decisiones de política pública que favorecen a una minoría, la respuesta parece obvia.
México hoy padece lo que algunos llaman "Estados dentro del Estado", o lo que otros denominan "una economía sin un gobierno capaz de regularla de manera eficaz". Eso -y no la caída de la producción petrolera- es lo que condena a México al subdesempeño crónico.
Una y otra vez, el debate sobre cómo promover el crecimiento, cómo fomentar la inversión y cómo generar el empleo se encuentra fuera de foco.
El gobierno cree que para lograr estos objetivos, basta con tenderle la mano al sector privado para que invierta bajo cualquier condición. Y el sector privado, por su parte, piensa que la panacea es que se le permita participar en el sector petrolero, por dar un ejemplo.
Pero ésa es sólo una solución parcial a un problema más profundo. El meollo detrás de la mediocridad de México se encuentra en su estructura económica y en las reglas del juego que la apuntalan.
Una estructura demasiado top heavy o pesada en la punta de la pirámide; una estructura oligopolizada donde unos cuantos se dedican a la extracción de rentas; una estructura de complicidades y colusiones que el gobierno permite y de la cual también se beneficia.
Claro, muchos de los miembros del gobierno de Felipe Calderón, y muchos de los presentes en este foro, hablarán de crecimiento como una prioridad central.
Pero más bien lo perciben como una variable residual. Más bien parecería que buscan -y duele como ciudadana reconocerlo- asegurar un grado mínimo de avance para mantener la paz social, pero sin alterar la correlación de fuerzas existente. Sin cambiar la estructura económica de una manera fundamental.
Y el problema surge cuando ese modelo comienza a generar monstruos; cuando ese apoyo gubernamental a ciertas produce monopolios, duopolios y oligopolios que ya no pueden ser controlados; cuando las "criaturas del Estado" -como las llama Moisés Naim- amenazan con devorarlo.
Sólo así se entiende la devolución gubernamental de 550 millones de dólares a Ricardo Salinas Pliego, por intereses supuestamente mal cobrados, un día antes del fin del sexenio de Vicente Fox.
Sólo así se entiende el comunicado lamentable de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes hace un año celebrando la alianza entre Telemundo y Televisa, cuando en realidad revela una claudicación gubernamental ante la posibilidad de una tercera cadena.
Sólo así se comprende que nadie levante un dedo para sancionar a TV Azteca cuando viola la ley al rehusarse a transmitir los spots del IFE o se apropia del Cerro del Chiquihuite.
Sólo así se entiende la aprobación de la llamada "Ley Televisa" por la Cámara de Diputados y la de Senadores en 2006.
Sólo así se entiende la posposición ad infinitum en el Senado de una nueva ley de medios para promover la competencia en el sector.
Sólo así se comprende que la reforma de Pemex deje sin tocar el asunto del sindicato.
Sólo así se entiende la posibilidad de dar entrada a Carlos Slim a la televisión sin obligarlo a cumplir con las condiciones de su concesión original.
Síntomas de un gobierno ineficaz. Señales de un gobierno doblegado.
Muestras de un gobierno coludido.
Con efectos cada vez más onerosos y cada vez más obvios que la crisis pone en evidencia, porque no logramos reformarnos a tiempo.
Mucha riqueza, pocos beneficiarios. Crecimiento estancado, país aletargado. Intereses atrincherados, reformas diluidas. Poca competencia, baja competitividad. Poder concentrado, democracia puesta en jaque. Un gobierno que en lugar de domesticar a las criaturas que ha concebido, ahora vive aterrorizado por ellas.
¿Cuáles son las consecuencias del mal capitalismo mexicano? Donde las élites tradicionales son fuertes, la gobernabilidad democrática es poco eficaz, los partidos políticos tienden a ser minimalistas.
En México, el incrementalismo de la política pública puede ser atribuido a élites tradicionales que usan su poder para bloquear reformas que afectan sus intereses, o asegurar iniciativas que protejan su situación privilegiada.
Si ustedes verdaderamente quieren que México crezca, tendrán que crear la capacidad de regular y reformar en nombre del interés público.
Tendrán que mandar señales inequívocas de cómo van a desactivar esos "centros de veto" que están bloqueando el crecimiento económico y la consolidación democrática: Los monopolistas abusivos, los sindicatos rapaces, las televisoras chantajistas, los empresarios privilegiados y sus aliados en el gobierno.
Si ustedes verdaderamente quieren que México prospere, tendrán que tomar decisiones que desaten el dinamismo económico, que fortalezcan la capacidad regulatoria del Estado y contribuyan a construir mercados, que promuevan la competencia y, gracias a ello, aumenten la competitividad.
En pocas palabras, usar la capacidad del Estado para contener a aquellos con más poder en el gobierno, con más peso que el electorado, con más intereses que el interés público.
¿Qué hacer? Los conmino a leer textos tan influyentes como "The Growth Report" y "The Power of Productivity".
A estar conscientes de lo que todo país interesado en crecer y competir debe hacer para lograrlo.
A saber que ello requiere una economía capaz de producir bienes y servicio de tal manera que los trabajadores puedan ganar más y más.
A entender que ello se basa en la expansión rápida del conocimiento y la innovación; en nuevas formas de hacer las cosas y mejorarlas; en técnicas que aumentan la productividad de manera constante.
A reconocer que las economías dinámicas suelen ser aquellas capaces de promover la competencia y reducir las barreras de entrada a nuevos jugadores en el mercado.
A entender que esa tarea del gobierno -a través de la regulación adecuada- crear un entorno en el cual las empresas se vean presionadas por sus competidores para innovar y reducir precios, y pasar esos beneficios a los consumidores.
A comprender que si eso no ocurre, nadie tiene incentivos para innovar. En lugar de ser motores de crecimiento, las empresas protegidas y/o monopólicas terminan estrangulándolo.
En pocas palabras, la competitividad -factor indispensable para atraer la inversión y con ella remontar la crisis, como sugería Sanguinetti- Está vinculada a la competencia.
El crecimiento económico está ligado a la competencia. La innovación y, por ende, el dinamismo y la creación de empleos se desprenden de la competencia.
La inversión que se canaliza hacia nuevos mercados y nuevas oportunidades es producto de la competencia. No es una condición suficiente pero sí es una condición necesaria. No bastará por sí misma para desatar el crecimiento, pero sin ella jamás ocurrirá, por más dinero público que se inyecte a la economía mediante políticas contracíclicas.
Y, ¿cómo empezar a empujar eso? Con una tercera cadena de televisión; con el fomento de la competencia en banda ancha a través de la red de la Comisión Federal de Electricidad; con el fortalecimiento de los órganos regulatorios, con la sanción a quienes violen los términos de su concesión; con la relación de mercados funcionales, como ya se logró con las aerolíneas de bajo costo; con medidas que se empiecen a desmantelar cuellos de botella y a domesticar a esas "criaturas del Estado".
Tiene que ver con la inauguración de un nuevo tipo de relación entre el Estado, el mercado y la sociedad.
Porque si la clase política de este país no logra construir los cimientos del capitalismo democrático, condenará a México al subdesempeño crónico. Lo condenará a seguir siendo un terreno fértil para los movimientos populares contra las instituciones; un país que cojea permanentemente debido a las instituciones políticas que no logra remodelar; los monopolios públicos y privados que no logra desmantelar; las estructuras corporativas que no logra democratizar.
Será lo que Felipe Calderón llama "un país de ganadores" donde siempre ganan los mismos.
Un lugar donde muchas de las grandes fortunas empresariales se construyen a partir de la protección política, y no de la innovación empresarial.
Un lugar donde el crecimiento de los últimos años ha sido menor que en el resto de América Latina debido a los cuellos de botella que los oligopolios han diseñado, y que sus amigos en el gobierno les ayudan a defender.
Un lugar donde las penurias que Madame Calderón de la Barca enfrentó con los aeropuertos, los maleteros, los taxis, las gasolineras, la telefonía y la televisión son las mismas que padecen millones de mexicanos más.
Ese consumidor sin voz, sin alternativa, sin protección. Ese hombre invisible. Esa mujer sin rostro.
Esa persona que paga -mes tras mes- tarifas telefónicas más altas que en casi cualquier parte del mundo.
Esa compañía que paga -mes con mes- servicios de telecomunicaciones que elevan sus gastos de operación y reducen sus ganancias.
Miles de personas con comisiones por servicios financieros que no logran entender, con cobros inusitados que nadie puede explicar, parados en la cola de los bancos. Allí varados. Allí desprotegidos. Allí sin opciones. Allí afuera.
Víctimas de un sistema económico disfuncional, institucionalizado por una clase política que aplaude la aprobación de reformas que no atacan el corazón del problema.
Presidentes, secretarios de Estado, diputados, senadores y empresarios que celebran el consenso para no cambiar.
Aunque se agradece que este foro finalmente acepte la magnitud de la crisis, si de aquí no surgen medidas concretas para mirar más allá de la coyuntura, revelará nuevamente nuestra incapacidad para encarar honestamente los problemas que México viene arrastrando desde hace décadas.
Revelará la propensión de los sentados aquí a proponer reformas aisladas, a anunciar medidas cortoplacistas, a eludir las distorsiones del sistema económico, a instrumentar políticas públicas a pedacitos, para llegar a acuerdos que sólo perpetúan el statu quo.
Mientras tanto, la realidad acecha a golpes de 327 mil despidos, crecimiento negativo, el lugar 60 de 134 en el Índice Global de Competitividad y una nación que dice reformarse mientras evita hacerlo.
México no crece por la forma en la cual se usa y se ejerce y se comparte el poder. Ni más ni menos.
Por las reglas discrecionales y politizadas que rigen a la república mafiosa, a la economía "de cuates".
Por la supervivencia de las estructuras corporativas que el gobierno creó y sigue financiando.
Por un modelo económico que canaliza las rentas del petróleo a demasiadas clientelas.
Por un sistema político que funciona muy bien para sus partidos pero muy mal para sus ciudadanos. Un sistema de "extracción sin representación".
Creando así un país poblado por personas obligadas a diluir la esperanza; a encoger las expectativas; a cruzar la frontera al paso de 400 mil personas al año en busca de la movilidad social que no encuentran aquí; a vivir con la palma extendida esperando la próxima dádiva del próximo político; a marchar en las calles porque piensan que nadie en el gobierno los escucha; a desconfiar de las instituciones; a presenciar la muerte común de los sueños porque México no avanza a la velocidad que podría y debería.
miércoles, noviembre 26, 2008
Banamex cierra algunas sucursales en la Ciudad de México
miércoles, mayo 28, 2008
¿Carlos Slim quiere que la gente muera de cáncer?
Y de las demás empresas que se han amparado contra la nueva ley de protección a los no fumadores, como Liverpool y Wings, si la salud de sus clientes no les importa, ¿qué les importa? Al menos es notorio que las de sus empleados no, obligándolos a respirar humo por horas...
Copio del diario Reforma del 27 de mayo:
Van grandes empresas contra la ley antitabaco
Por Víctor Fuentes
(27-May-2008).-
La batalla jurídica contra la prohibición total de fumar en espacios cerrados ya dejó de estar a cargo sólo de ciudadanos individuales, o de algunos restaurantes y antros.
Las grandes empresas comenzaron a promover amparos para cuestionar esta reforma, vigente desde abril pasado.
Registros judiciales indican que firmas como Grupo Sanborns, Liverpool, Grupo Caliente y Apuestas Internacionales, la filial de Televisa encargada de operar casinos, ya se inconformaron y pidieron al Poder Judicial Federal declarar la inconstitucionalidad de esta restricción.
Sanborns, propiedad de Carlos Slim tiene 70 sucursales con tienda y restaurante en el DF, además de 13 Café Sanborns; esta última cadena también presentó un amparo.
Liverpool controla nueve almacenes en la Ciudad de México. En su amparo, la empresa impugnó todos los artículos de la Ley de Protección a la Salud de los No Fumadores del DF.
También hay amparos de varias empresas que forman parte de Corporación Mexicana de Restaurantes, del empresario Joaquín Vargas, que controla marcas como Wings, con 27 sucursales en la capital, El Barón Rojo, Los Almendros, La Destilería y Meridien, entre otras.
Además se amparó Restaurantes California, que forma parte del grupo Controladora Comercial Mexicana, y tiene 22 locales en el DF.
Play City, la marca de Apuestas Internacionales, tiene cinco casinos en la ciudad, pero su permiso es para operar un total de 66 locales, por lo que podría expandirse en los próximos años.
Grupo Caliente, cuyo dueño es el ex alcalde de Tijuana, Jorge Hank Rohn, controla cuatro casinos en el DF; Promociones e Inversiones de Guerrero, de la familia Riva Palacio, tiene otros cuatro, y ambas ya se ampararon.
Entre los argumentos legales destaca el de trato inequitativo frente a los hoteles, donde el 25% de los habitaciones pueden ser asignadas para fumadores.
Sin embargo, algunos hoteles también están inconformes. Por ejemplo, Grupo Posadas, del empresario Gastón Azcárraga, promovió su propio amparo.
La firma, representada en este litigio por el ex senador panista Fauzi Hamdan, maneja nueve hoteles en el DF, con las marcas Fiesta Americana y Fiesta Inn.
En todos los casos, los jueces federales han negado suspensiones que permitirían mantener las actuales secciones de no fumar mientras se resuelven los juicios.
Fuentes judiciales informaron que las empresas también sostienen inequidad y discriminación porque solo se dio derecho a locales con terraza al aire libre para crear secciones de fumadores.
lunes, agosto 06, 2007
Fortune: Slim es ya el hombre más rico del mundo
Copio de El País:Carlos Slim supera a Bill Gates en la lista de los más ricos, según Fortune
La fortuna del mexicano alcanza los 59.000 millones dólares
EFE - Nueva York - 06/08/2007
El empresario mexicano Carlos Slim es el hombre más rico del mundo, según publica hoy la prestigiosa revista estadounidense Fortune, que cifra la fortuna de ese hombre de negocios en 59.000 millones de dólares. Esta estimación está basada en el valor público que sus compañías a finales de julio pasado.
De esta manera, el mexicano de 67 años, hijo de un inmigrante libanés y de una mexicana, se coloca por delante del fundador de Microsoft, Bill Gates, quien tendría 58.000 millones de dólares, indica la misma publicación, que subraya el carácter diferente de los dos magnates.
Mientras "Gates está vendiendo su única fuente de bienestar, las acciones de Microsoft, para construir su fundación, Slim crece a un ritmo impresionante. Su valor neto aumentó el año pasado en 12.000 millones de dólares", se apunta en Fortune.
Asimismo, indica que las empresas familiares de Carlos Slim Helú "representaban en 2006 el 5% del Producto Interior Bruto (PIB) de México, y que controla compañías que valen "una tercera parte de los 422.000 millones gestionados por la Bolsa mexicana".
Críticas
La publicación estadounidense compara el perfil de Slim al de otro de los grandes magnates de Estados Unidos, John D. Rockefeller, y señala que el mexicano es propietario de dos empresas emblemáticas mexicanas como son Teléfonos de México y América Móvil.
Fortune recoge también declaraciones de George Grayson, un profesor de la Universidad College of William and Mary, experto en México y creador del término Slimlandia para describir la fuerte presencia de la familia Slim en la vida económica mexicana.
"Slim es uno de los grandes de México que impide su crecimiento por estar al frente de monopolios u oligopolios", considera ese académico, al tiempo que señala que si la economía mexicana es "altamente ineficiente" y "pierde competitividad, es por personas como Slim".
El empresario mexicano ya aparecía el pasado mes como la persona más rica del planeta en el portal de Internet mexicano "Sentido común", donde se le atribuía una fortuna personal de 67.838,5 millones de dólares. En la clasificación Forbes del pasado abril, Slim se situaba en segunda posición, por detrás de Bill Gates y por delante del inversor Warren Buffet.
martes, julio 03, 2007
¿Ya es CarlosSlim el más rico del mundo?

Photograph: Roberto Velazquez/AP
Según un nuevo cálculo pareciera que sí, reporta The Guardian. Esto va a causar un gran debate sobre la desigualdad y el desarrollo en México, y que bueno...
lunes, junio 18, 2007
Como desde Hacienda se concentra la riqueza en México
"...los grupos que cuentan con mayores recursos políticos y económicos suelen salirse con la suya, al tiempo en que los sectores desorganizados y alejados de los circuitos de poder quedan condenados a la derrota.
En el tema fiscal, esta distinción es idéntica a la que se puede hacer entre los productores de la riqueza y los consumidores de bienes y servicios. Los primeros siempre estarán mejor organizados y contarán con mayores herramientas económicas para presionar políticamente a las autoridades, en comparación con los segundos.
No se trata de un asunto de eficiencia económica, sino de una cuestión clásica de economía política. Si sólo los productores de la riqueza (empresarios, financieros, inversionistas) cuentan con acceso a las negociaciones, lo más probable es que la reforma hacendaria que se produzca termine beneficiándoles únicamente a ellos.
En sentido inverso, porque los consumidores no tienen entrada a la discusión - tal y como ha sido el caso a lo largo de la historia fiscal de los últimos treinta años en nuestro país- la mayor carga tributaria terminará recayendo sobre sus espaldas.
Para clarificar esta cuestión basta con revisar las siguientes cifras proporcionadas por el ITAM: en la actualidad, de cada 10 pesos que aportan los contribuyentes privados al gasto federal, seis pesos provienen de los asalariados, tres pesos con 70 centavos de las personas físicas (profesionistas liberales, comerciantes por cuenta propia) y sólo 30 centavos de las personas morales (las empresas).
Valga subrayar el hecho: en materia de impuestos directos (ISR), los capitales grandes y medianos de la órbita privada sólo están aportando 30 centavos de cada 10 pesos recaudados. Nada indica que en la nueva propuesta fiscal este hecho vaya a cambiar. Si los grupos de interés vinculados a la empresa consiguen lo que siempre han obtenido, los regímenes de excepción y el sistema de consolidación que hoy les benefician, permanecerán intocados...."
Y luego se preguntan que por qué Carlos Slim es el segundo hombre más rico del planeta...lunes, marzo 12, 2007
¿Porqué Slim es el hombre más rico de México?
Verónica Gascón
A nivel residencial y comercial, el País se ubica entre las siete naciones más caras en el ranking de tarifas de telefonía dentro de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE).
Según datos preliminares del estudio "Communications Outlook 2007", elaborado por ese organismo internacional, hubo un avance en la calificación del País porque se tomaron en cuenta diferentes canastas de consumo: de nivel bajo, medio y alto.
En el anterior estudio, de 2005, México era la cuarta nación
Este año es el quinto más caro en canasta residencial de uso bajo (600 llamadas al año).
Además, es el séptimo con tarifas más elevadas en el sector de usuarios medios (con mil 200 llamadas anuales), y ocupa el mismo lugar en el de consumo alto (con 2 mil 400 llamadas al año).
Todas las canastas incluyen llamadas de larga distancia internacional y a celulares.
En los tres casos, México está por arriba del costo de la canasta promedio de la OCDE.
Por ejemplo, en la de uso
En la de uso medio, el promedio en la OCDE es de 582 dólares anuales, y en México tiene un costo de 663 dólares.
Hace dos años, la organización clasificó al País como el de tarifas comerciales más caras.
En el informe actual, es el cuarto más caro en la canasta de telefonía para minioficinas -uso para una sola línea-, y sigue siendo el más caro para pequeñas y medianas empresas (Pymes).
Sin considerar impuestos, el promedio de la OCDE
La mejora en la posición del País en tarifas residenciales se dio después de que la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) y Telmex cabildearon ante el organismo para que modificara la metodología en la cual basa su clasificación.
"Tomaron en cuenta que se considerara una canasta de ingresos bajos para telefonía local; están tomando en cuenta las reducciones que ha habido en la parte de 'el que llama paga', y también sobre el tamaño de las áreas de servicio local (que impactan en el
Antes de dejar ese organismo, Hibert gestionó ante la OCDE el cambio de los parámetros para el ranking.
El ex funcionario de la Cofetel consideró positivo el hecho de que el País haya avanzado unos lugares en la clasificación.
(costos anuales en dólares) |


