Pentagon Seeks Biggest Military Cuts Since Before 9/11
By THOM SHANKER and CHRISTOPHER DREW
The White House ordered the Pentagon to squeeze almost all growth from its spending over the next five years, Defense Secretary Robert M. Gates said.
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The White House ordered the Pentagon to squeeze almost all growth from its spending over the next five years, Defense Secretary Robert M. Gates said.




WASHINGTON (Reuters) - The U.S. Centers for Disease Control and Prevention said on Friday it was too late to contain the swine flu outbreak in the United States.
CDC acting director Dr. Richard Besser told reporters in a telephone briefing it was likely too late to try to contain the outbreak, by vaccinating, treating or isolating people.
"There are things that we see that suggest that containment is not very likely," he said.
He said the U.S. cases and Mexican cases are likely the same virus. "So far the genetic elements that we have looked at are the same." But Besser said it was unclear why the virus was causing so many deaths in deaths in Mexico and such mild disease in the United States.
PD. Analistas creen que si la epidemia crece puede ser un shoch para la economía mexicana, ya de por sí en graves problemas.
ANDERSON COOPER 360 DEGREES
Mexican Drug Cartel Member Reveals Secrets; U.S. Marshal Found Dead in Mexico
Aired March 26, 2009 - 22:00 ET
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| FCH: equivocado |
Lo copió de El País:Me presento aquí hoy humildemente consciente de la tarea que nos aguarda, agradecido por la confianza que habéis depositado en mí, conocedor de los sacrificios que hicieron nuestros antepasados. Doy gracias al presidente Bush por su servicio a nuestra nación y por la generosidad y la cooperación que ha demostrado en esta transición.
Son ya 44 los estadounidenses que han prestado juramento como presidentes. Lo han hecho durante mareas de prosperidad y en aguas pacíficas y tranquilas. Sin embargo, en ocasiones, este juramento se ha prestado en medio de nubes y tormentas. En esos momentos, Estados Unidos ha seguido adelante, no sólo gracias a la pericia o la visión de quienes ocupaban el cargo, sino porque Nosotros, el Pueblo, hemos permanecido fieles a los ideales de nuestros antepasados y a nuestros documentos fundacionales. Así ha sido. Y así debe ser con esta generación de estadounidenses.
Es bien sabido que estamos en medio de una crisis. Nuestro país está en guerra contra una red de violencia y odio de gran alcance. Nuestra economía se ha debilitado enormemente, como consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por nuestra incapacidad colectiva de tomar decisiones difíciles y preparar a la nación para una nueva era. Se han perdido casas; se han eliminado empleos; se han cerrado empresas. Nuestra sanidad es muy cara; nuestras escuelas tienen demasiados fallos; y cada día trae nuevas pruebas de que nuestros usos de la energía fortalecen a nuestros adversarios y ponen en peligro el planeta.
Estos son indicadores de una crisis, sujetos a datos y estadísticas. Menos fácil de medir pero no menos profunda es la destrucción de la confianza en todo nuestro territorio, un temor persistente de que el declive de Estados Unidos es inevitable y la próxima generación tiene que rebajar sus miras. Hoy os digo que los problemas que nos aguardan son reales. Son graves y son numerosos. No será fácil resolverlos, ni podrá hacerse en poco tiempo. Pero debes tener clara una cosa, América: los resolveremos.
Hoy estamos reunidos aquí porque hemos escogido la esperanza por encima del miedo, el propósito común por encima del conflicto y la discordia. Hoy venimos a proclamar el fin de las disputas mezquinas y las falsas promesas, las recriminaciones y los dogmas gastados que durante tanto tiempo han sofocado nuestra política.
Seguimos siendo una nación joven, pero, como dicen las Escrituras, ha llegado la hora de dejar a un lado las cosas infantiles. Ha llegado la hora de reafirmar nuestro espíritu de resistencia; de escoger lo mejor que tiene nuestra historia; de llevar adelante ese precioso don, esa noble idea, transmitida de generación en generación: la promesa hecha por Dios de que todos somos iguales, todos somos libres, y todos merecemos una oportunidad de buscar toda la felicidad que nos sea posible.
Al reafirmar la grandeza de nuestra nación, sabemos que esa grandeza no es nunca un regalo. Hay que ganársela. Nuestro viaje nunca ha estado hecho de atajos ni se ha conformado con lo más fácil. No ha sido nunca un camino para los pusilánimes, para los que prefieren el ocio al trabajo, o no buscan más que los placeres de la riqueza y la fama. Han sido siempre los audaces, los más activos, los constructores de cosas -algunos reconocidos, pero, en su mayoría, hombres y mujeres cuyos esfuerzos permanecen en la oscuridad- los que nos han impulsado en el largo y arduo sendero hacia la prosperidad y la libertad.
Por nosotros empaquetaron sus escasas posesiones terrenales y cruzaron océanos en busca de una nueva vida. Por nosotros trabajaron en condiciones infrahumanas y colonizaron el Oeste; soportaron el látigo y labraron la dura tierra. Por nosotros combatieron y murieron en lugares como Concord y Gettysburg, Normandía y Khe Sahn. Una y otra vez, esos hombres y mujeres lucharon y se sacrificaron y trabajaron hasta tener las manos en carne viva, para que nosotros pudiéramos tener una vida mejor. Vieron que Estados Unidos era más grande que la suma de nuestras ambiciones individuales; más grande que todas las diferencias de origen, de riqueza, de partido.
Ése es el viaje que hoy continuamos. Seguimos siendo el país más próspero y poderoso de la Tierra. Nuestros trabajadores no son menos productivos que cuando comenzó esta crisis. Nuestras mentes no son menos imaginativas, nuestros bienes y servicios no son menos necesarios que la semana pasada, el mes pasado ni el año pasado. Nuestra capacidad no ha disminuido. Pero el periodo del inmovilismo, de proteger estrechos intereses y aplazar decisiones desagradables ha terminado; a partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y empezar a trabajar para reconstruir Estados Unidos.
Porque, miremos donde miremos, hay trabajo que hacer. El estado de la economía exige actuar con audacia y rapidez, y vamos a actuar; no sólo para crear nuevos puestos de trabajo, sino para sentar nuevas bases de crecimiento. Construiremos las carreteras y los puentes, las redes eléctricas y las líneas digitales que nutren nuestro comercio y nos unen a todos. Volveremos a situar la ciencia en el lugar que le corresponde y utilizaremos las maravillas de la tecnología para elevar la calidad de la atención sanitaria y rebajar sus costes. Aprovecharemos el sol, los vientos y la tierra para hacer funcionar nuestros coches y nuestras fábricas. Y transformaremos nuestras escuelas y nuestras universidades para que respondan a las necesidades de una nueva era. Podemos hacer todo eso. Y todo lo vamos a hacer.
Ya sé que hay quienes ponen en duda la dimensión de mis ambiciones, quienes sugieren que nuestro sistema no puede soportar demasiados grandes planes. Tienen mala memoria. Porque se han olvidado de lo que ya ha hecho este país; de lo que los hombres y mujeres libres pueden lograr cuando la imaginación se une a un propósito común y la necesidad al valor.
Lo que no entienden los escépticos es que el terreno que pisan ha cambiado, que las manidas discusiones políticas que nos han consumido durante tanto tiempo ya no sirven. La pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro gobierno interviene demasiado o demasiado poco, sino si sirve de algo: si ayuda a las familias a encontrar trabajo con un sueldo decente, una sanidad que puedan pagar, una jubilación digna. En los programas en los que la respuesta sea sí, seguiremos adelante. En los que la respuesta sea no, los programas se cancelarán. Y los que manejemos el dinero público tendremos que responder de ello -gastar con prudencia, cambiar malos hábitos y hacer nuestro trabajo a la luz del día-, porque sólo entonces podremos restablecer la crucial confianza entre el pueblo y su gobierno.
Tampoco nos planteamos si el mercado es una fuerza positiva o negativa. Su capacidad de generar riqueza y extender la libertad no tiene igual, pero esta crisis nos ha recordado que, sin un ojo atento, el mercado puede descontrolarse, y que un país no puede prosperar durante mucho tiempo cuando sólo favorece a los que ya son prósperos. El éxito de nuestra economía ha dependido siempre, no sólo del tamaño de nuestro producto interior bruto, sino del alcance de nuestra prosperidad; de nuestra capacidad de ofrecer oportunidades a todas las personas, no por caridad, sino porque es la vía más firme hacia nuestro bien común.
En cuanto a nuestra defensa común, rechazamos como falso que haya que elegir entre nuestra seguridad y nuestros ideales. Nuestros Padres Fundadores, enfrentados a peligros que apenas podemos imaginar, elaboraron una carta que garantizase el imperio de la ley y los derechos humanos, una carta que se ha perfeccionado con la sangre de generaciones. Esos ideales siguen iluminando el mundo, y no vamos a renunciar a ellos por conveniencia. Por eso, a todos los demás pueblos y gobiernos que hoy nos contemplan, desde las mayores capitales hasta la pequeña aldea en la que nació mi padre, os digo: sabed que Estados Unidos es amigo de todas las naciones y todos los hombres, mujeres y niños que buscan paz y dignidad, y que estamos dispuestos a asumir de nuevo el liderazgo.
Recordemos que generaciones anteriores se enfrentaron al fascismo y el comunismo no sólo con misiles y carros de combate, sino con alianzas sólidas y convicciones duraderas. Comprendieron que nuestro poder no puede protegernos por sí solo, ni nos da derecho a hacer lo que queramos. Al contrario, sabían que nuestro poder crece mediante su uso prudente; nuestra seguridad nace de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo y la moderación que deriva de la humildad y la contención.
Somos los guardianes de este legado. Guiados otra vez por estos principios, podemos hacer frente a esas nuevas amenazas que exigen un esfuerzo aún mayor, más cooperación y más comprensión entre naciones. Empezaremos a dejar Irak, de manera responsable, en manos de su pueblo, y a forjar una merecida paz en Afganistán. Trabajaremos sin descanso con viejos amigos y antiguos enemigos para disminuir la amenaza nuclear y hacer retroceder el espectro del calentamiento del planeta. No pediremos perdón por nuestra forma de vida ni flaquearemos en su defensa, y a quienes pretendan conseguir sus objetivos provocando el terror y asesinando a inocentes les decimos que nuestro espíritu es más fuerte y no podéis romperlo; no duraréis más que nosotros, y os derrotaremos.
Porque sabemos que nuestra herencia multicolor es una ventaja, no una debilidad. Somos una nación de cristianos y musulmanes, judíos e hindúes, y no creyentes. Somos lo que somos por la influencia de todas las lenguas y todas las culturas de todos los rincones de la Tierra; y porque probamos el amargo sabor de la guerra civil y la segregación, y salimos de aquel oscuro capítulo más fuertes y más unidos, no tenemos más remedio que creer que los viejos odios desaparecerán algún día; que las líneas tribales pronto se disolverán; y que Estados Unidos debe desempeñar su papel y ayudar a iniciar una nueva era de paz.
Al mundo musulmán: buscamos un nuevo camino hacia adelante, basado en intereses mutuos y mutuo respeto. A esos líderes de todo el mundo que pretenden sembrar el conflicto o culpar de los males de su sociedad a Occidente: sabed que vuestro pueblo os juzgará por lo que seáis capaces de construir, no por lo que destruyáis. A quienes se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y acallando a los que disienten, tened claro que la historia no está de vuestra parte; pero estamos dispuestos a tender la mano si vosotros abrís el puño.
A los habitantes de los países pobres: nos comprometemos a trabajar a vuestro lado para conseguir que vuestras granjas florezcan y que fluyan aguas potables; para dar de comer a los cuerpos desnutridos y saciar las mentes sedientas. Y a esas naciones que, como la nuestra, disfrutan de una relativa riqueza, les decimos que no podemos seguir mostrando indiferencia ante el sufrimiento que existe más allá de nuestras fronteras, ni podemos consumir los recursos mundiales sin tener en cuenta las consecuencias. Porque el mundo ha cambiado, y nosotros debemos cambiar con él.
Mientras reflexionamos sobre el camino que nos espera, recordamos con humilde gratitud a esos valerosos estadounidenses que en este mismo instante patrullan desiertos lejanos y montañas remotas. Tienen cosas que decirnos, del mismo modo que los héroes caídos que yacen en Arlington nos susurran a través del tiempo. Les rendimos homenaje no sólo porque son guardianes de nuestra libertad, sino porque encarnan el espíritu de servicio, la voluntad de encontrar sentido en algo más grande que ellos mismos. Y sin embargo, en este momento -un momento que definirá a una generación-, ese espíritu es precisamente el que debe llenarnos a todos.
Porque, con todo lo que el gobierno puede y debe hacer, a la hora de la verdad, la fe y el empeño del pueblo norteamericano son el fundamento supremo sobre el que se apoya esta nación. La bondad de dar cobijo a un extraño cuando se rompen los diques, la generosidad de los trabajadores que prefieren reducir sus horas antes que ver cómo pierde su empleo un amigo: eso es lo que nos ayuda a sobrellevar los tiempos más difíciles. Es el valor del bombero que sube corriendo por una escalera llena de humo, pero también la voluntad de un padre de cuidar de su hijo; eso es lo que, al final, decide nuestro destino.
Nuestros retos pueden ser nuevos. Los instrumentos con los que los afrontamos pueden ser nuevos. Pero los valores de los que depende nuestro éxito -el esfuerzo y la honradez, el valor y el juego limpio, la tolerancia y la curiosidad, la lealtad y el patriotismo- son algo viejo. Son cosas reales. Han sido el callado motor de nuestro progreso a lo largo de la historia. Por eso, lo que se necesita es volver a estas verdades. Lo que se nos exige ahora es una nueva era de responsabilidad, un reconocimiento, por parte de cada estadounidense, de que tenemos obligaciones con nosotros mismos, nuestro país y el mundo; unas obligaciones que no aceptamos a regañadientes sino que asumimos de buen grado, con la firme convicción de que no existe nada tan satisfactorio para el espíritu, que defina tan bien nuestro carácter, como la entrega total a una tarea difícil.
Éste es el precio y la promesa de la ciudadanía.
Ésta es la fuente de nuestra confianza; la seguridad de que Dios nos pide que dejemos huella en un destino incierto.
Éste es el significado de nuestra libertad y nuestro credo, por lo que hombres, mujeres y niños de todas las razas y todas las creencias pueden unirse en celebración en este grandioso Mall y por lo que un hombre a cuyo padre, no hace ni 60 años, quizá no le habrían atendido en un restaurante local, puede estar ahora aquí, ante vosotros, y prestar el juramento más sagrado.
Marquemos, pues, este día con el recuerdo de quiénes somos y cuánto camino hemos recorrido. En el año del nacimiento de Estados Unidos, en el mes más frío, un pequeño grupo de patriotas se encontraba apiñado en torno a unas cuantas hogueras mortecinas a orillas de un río helado. La capital estaba abandonada. El enemigo avanzaba. La nieve estaba manchada de sangre. En un momento en el que el resultado de nuestra revolución era completamente incierto, el padre de nuestra nación ordenó que leyeran estas palabras:
"Que se cuente al mundo futuro... que en el más profundo invierno, cuando no podía sobrevivir nada más que la esperanza y la virtud... la ciudad y el campo, alarmados ante el peligro común, se apresuraron a hacerle frente".
América. Ante nuestros peligros comunes, en este invierno de nuestras dificultades, recordemos estas palabras eternas. Con esperanza y virtud, afrontemos una vez más las corrientes heladas y soportemos las tormentas que puedan venir. Que los hijos de nuestros hijos puedan decir que, cuando se nos puso a prueba, nos negamos a permitir que se interrumpiera este viaje, no nos dimos la vuelta ni flaqueamos; y que, con la mirada puesta en el horizonte y la gracia de Dios con nosotros, seguimos llevando hacia adelante el gran don de la libertad y lo entregamos a salvo a las generaciones futuras.
Gracias, que Dios os bendiga, que Dios bendiga a América.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia
By Edwin Chen
Nov. 18 (Bloomberg) -- Three blocks from the White House, on the 10th floor of a sleek glass building, young workers pound at computers, with giant flat-screen TVs overhead. It has the look and feel of a high-tech startup.
In many ways it is. The product is ideas.
Thanks in part to funding from benefactors such as billionaire George Soros, the Center for American Progress has become in just five years an intellectual wellspring for Democratic policy proposals, including many that are shaping the agenda of the new Obama administration.
Much as the Heritage Foundation provided intellectual heft for the Republican Party in the 1980s, CAP has been an incubator for liberal thought and helped build the platform that triumphed in the 2008 campaign.
``What CAP has done is recapture the role of ideas as an important political force, something the Republicans had been better at for 25 years,'' said Walter Isaacson, president of the Aspen Institute, a non-partisan policy-research organization in Washington.
CAP's president and founder, John Podesta, 59, former chief of staff to President Bill Clinton, is one of three people running the transition team for president-elect Barack Obama, 47. A squadron of CAP experts is working with them.
Some of the group's recommendations already have been adopted by the president-elect.
Withdrawal of Troops
These include the center's call for a gradual withdrawal of U.S. troops from Iraq and a buildup of forces in Afghanistan, a plan for universal health coverage through employer plans and proposals to create purchasing pools that allow small businesses to spread the cost among a larger group of workers. Obama has endorsed much of a CAP plan to create ``green jobs'' linked to alleviating global climate change.
CAP also is advocating the creation of a ``National Energy Council'' headed by an official with the stature of the national security adviser and who would be charged with ``transforming the energy base'' of the U.S. In addition, CAP urges the creation of a White House ``office of social entrepreneurship'' to spur new ideas for addressing social problems.
To help promote its ideas, CAP employs 11 full-time bloggers who contribute to two Web sites, ThinkProgress and the Wonk Room; others prepare daily feeds for radio stations. The center's policy briefings are standing-room only, packed with lobbyists, advocacy-group representatives and reporters looking for insights on where the Obama administration is headed.
`Premier Progressive'
``The center is the premier progressive think tank in Washington,'' said Mark Green, head of the New Democracy Project, an urban-affairs institute in New York.
Just eight days after the Nov. 4 election, CAP released a 300,000-word volume called ``Change for America: A Progressive Blueprint for the 44th President'' that offers advice on issues such as economic revival and fixing the Federal Emergency Management Agency. Work on the book began almost a year ago.
CAP, which has 180 staffers and a $27 million budget, devotes as much as half of its resources to promoting its ideas through blogs, events, publications and media outreach.
The center's future was far from certain in 2003, when wealthy donors such as Soros and film producer Stephen Bing gave $10 million or more to fill what they believed was an intellectual void in the Democratic Party and create a vehicle to produce an agenda for the party's eventual return to power.
Heritage Foundation
Podesta modeled the center on the Heritage Foundation, which became the go-to policy-research organization in 1981 when newly elected President Ronald Reagan embraced its conservative ideas embodied in a book called ``Mandate for Leadership.'' Heritage was just seven years old.
CAP and Heritage have something else in common.
``Others strive to be objective, we don't,'' said Jennifer Palmieri, CAP's vice president for communications.
Podesta likes to say, ``we're not a think tank, we're an action tank,'' said Dan Weiss, an environmental activist who joined CAP last year.
CAP isn't the only Democratic-leaning research organization in Washington with enhanced cachet after Obama's election.
The 92-year-old Brookings Institution, for example, has advisers in Obama's inner circle, including economist Jason Furman and foreign-policy expert Susan Rice. Others are working either part-time or full-time in the Obama transition.
Podesta's center isn't even among the biggest or best- funded. Brookings has a staff of more than 400 and an annual budget of $48 million. Heritage has a staff of 200 and a budget of $60 million. The American Enterprise Institute, which has close ties to the administration of President George W. Bush, has about 140 staffers, including Lynne Cheney, wife of Vice President Dick Cheney, and a budget of $28 million.
Influence
Yet CAP may be the most influential. In addition to Podesta, at least 10 other CAP experts are advising the incoming administration, including Melody Barnes, the center's executive vice president for policy who co-chairs the agency-review working group and Cassandra Butts, the senior vice president for domestic policy, who is now a senior transition staffer.
``John understood that ideas have power in this town, and he brought in super-bright people whose ideas have become essential reading,'' Isaacson said.
CAP's successes offer a lesson for Republican-leaning groups, said James McGann, a professor at the University of Pennsylvania in Philadelphia who tracks policy groups.
``They've shown that one has to constantly innovate and be responsible to an ever-changing demographics and electorate, and have policies that are responsive to that,'' McGann said.
La Guerra Civil terminó en 1865, gracias a que Lincoln quiso mantener un país unido y sin esclavos. Eso iba en contra de los intereses económicos de los estados del sur. Por ello aunque la guerra terminó militarmente, prosiguió culturalmente. No fue hasta fines de los 1960s que el matrimonio interracial fue legal, ya gracias a una decisión de la Suprema Corte. Obama no es solo un cambio de gobierno, es un cambio de paradigma, que reta a todo el mundo a ver que el color de la piel, como el sexo, la orientación sexual... son lo que menos importan cuando hablamos de la dignidad humana...
ELPAÍS.com - Madrid - 07/11/2008
El proyecto de cambio de Barack Obama ha llegado a Internet con una nueva página oficial. La web Change.gov señala que la nueva administración Obama Biden "mirará los retos que Estados Unidos enfrenta con la misma determinación y optimismo que ha caracterizado la campaña". El portal cuenta también con un blog y varias herramientas que buscan la participación de los ciudadanos para compartir su visión de este "momento histórico".
En el primero -y más reciente- post del blog, los responsables de la bitácora señalan que la página "aporta recursos para entender mejor el proceso de transición que encara Estados Unidos" y que el nuevo Gobierno respetará la lección "esencial" aprendida en la campaña, "que la gente unida por un propósito común puede alcanzar grandes cosas".
Dividida en cuatro grandes áreas (Noticias, Agenda, Blog y Perfiles), Change.gov muestra lo cómodo que se siente el equipo de campaña de Obama con las nuevas tecnologías, algo que ya habían demostrado en la larga campaña, donde lograron recaudar una cifra millonaria gracias a una plataforma basada en Internet y las redes sociales.
La sección de Agenda es una buena muestra del interés que tiene el presidente electo en la opinión de los votantes. En ella se diseccionan 25 temas de importancia en los Estados Unidos, desde la Economía hasta Irak pasando por los Derechos Civiles, la Sanidad, la familia y la fe. La nueva administración ha decidido mantener las herramientas de interacción con los votantes que había hecho tan popular el portal de la campaña. Uno de estos ejemplos es que el portal permite al lector enviar su opinión de todos estos temas.

Copio del análisis que hace el NYT del triunfo de Obama, para dimensionar el tamaño de su triunfo en el tiempo:
El New York Times escribió una muy buena editorial sobre este hecho histórico:This is one of those moments in history when it is worth pausing to reflect on the basic facts:
An American with the name Barack Hussein Obama, the son of a white woman and a black man he barely knew, raised by his grandparents far outside the stream of American power and wealth, has been elected the 44th president of the United States.
Showing extraordinary focus and quiet certainty, Mr. Obama swept away one political presumption after another to defeat first Hillary Clinton, who wanted to be president so badly that she lost her bearings, and then John McCain, who forsook his principles for a campaign built on anger and fear.
His triumph was decisive and sweeping, because he saw what is wrong with this country: the utter failure of government to protect its citizens. He offered a government that does not try to solve every problem but will do those things beyond the power of individual citizens: to regulate the economy fairly, keep the air clean and the food safe, ensure that the sick have access to health care, and educate children to compete in a globalized world.
Mr. Obama spoke candidly of the failure of Republican economic policies that promised to lift all Americans but left so many millions far behind. He committed himself to ending a bloody and pointless war. He promised to restore Americans’ civil liberties and their tattered reputation around the world.
With a message of hope and competence, he drew in legions of voters who had been disengaged and voiceless. The scenes Tuesday night of young men and women, black and white, weeping and cheering in Chicago and New York and in Atlanta’s storied Ebenezer Baptist Church were powerful and deeply moving.
Mr. Obama inherits a terrible legacy. The nation is embroiled in two wars — one of necessity in Afghanistan and one of folly in Iraq. Mr. Obama’s challenge will be to manage an orderly withdrawal from Iraq without igniting new conflicts so the Pentagon can focus its resources on the real front in the war on terror, Afghanistan.
The campaign began with the war as its central focus. By Election Day, Americans were deeply anguished about their futures and the government’s failure to prevent an economic collapse fed by greed and an orgy of deregulation. Mr. Obama will have to move quickly to impose control, coherence, transparency and fairness on the Bush administration’s jumbled bailout plan.
His administration will also have to identify all of the ways that Americans’ basic rights and fundamental values have been violated and rein that dark work back in. Climate change is a global threat, and after years of denial and inaction, this country must take the lead on addressing it. The nation must develop new, cleaner energy technologies, to reduce greenhouse gases and its dependence on foreign oil.
Mr. Obama also will have to rally sensible people to come up with immigration reform consistent with the values of a nation built by immigrants and refugees.
There are many other urgent problems that must be addressed. Tens of millions of Americans lack health insurance, including some of the country’s most vulnerable citizens — children of the working poor. Other Americans can barely pay for their insurance or are in danger of losing it along with their jobs. They must be protected.
Mr. Obama will now need the support of all Americans. Mr. McCain made an elegant concession speech Tuesday night in which he called on his followers not just to honor the vote, but to stand behind Mr. Obama. After a nasty, dispiriting campaign, he seemed on that stage to be the senator we long respected for his service to this country and his willingness to compromise.