miércoles, septiembre 03, 2008

Regresa el odio a los libros

Destrucción de libros


La enorme y hermosa Biblioteca de Alejandría fue quemada, como explica Carl Sagan en su libro Cosmos, por una muchedumbre alentada por los sermones fanáticos del arzobispo Cirilo, poco después de que él mandara asesinar a la filosófa Hipatia: ¿cómo osa una mujer pensar, debatir? La muerte de la sabia en el 415 d.C fue el presagio del fin de la gran biblioteca, y quizá de la llegada de la Edad Media misma, ese trite período de oscurantismo. Copio de Cosmos:

"Era como si toda una civilización hubiese sufrido una operación cerebral infligida por propia mano, de modo que quedaron extinguidos irrevocablemente la mayoría de sus memorias, descubrimientos, ideas y pasiones. La pérdida fue incalculable... Sabemos que de las 123 obras teatrales de Sófocles sólo sibrevivieron siete. Una de las siete es Edipo rey. Cifras similares son válidas para las obras de Esquilo, Eurípides. Es como si las únicas obras supervivientes de un hombre llamado William Shakespeare fueran Coroliano y Un Cuento de Invierno, pero supiéramos que había escrito algunas obras más, desconocidas por nosotros pero al parecer apreciadas en su época, obras tituladas Hamlet, Macbeth, Julio César, El Rey Lear, Romeo y Julieta."

La historia del odio a los libros es antigua, pasa por la Alejandría del siglo V y por la Florencia del siglo XV, donde a la muerte de Lorenzo de Medici, el dominico fanático Savanarola aprocechó para también mandar quemar libros "herejes".

Ayer caminaba por la calle Prado Sur, en las Lomas de Chapultepec, y ví una librería que no conocía llamada El Arca. Me dije que padre nombre, pensaba en un barco lleno de libros, jeje, vaya mi ingenuida... Acababan de abrir una sección de libros en inglés y fuí a verla, cuando al entrar escuché una conversación del dueño o gerente con un empleado, donde el primero le decía que habían libros que no podían venderse a menos que trataran los temas según la filosofía de la librería, es decir, que si se trataba de hablar de un libro de educación sexual, que no apoyara solamente el uso del condón o de píldoras, sino también métodos aprobados por la iglesia católica como el del ritmo o Billings. Yo le pregunté al dueño/gerente si se censuraba la venta de libros, y me contestó que no, que se vendían libros de todos los temas, pero que no que solo apoyaran una postura, sino que todas. No me convenció. De entrada esa postura suena buena, a ser políticamente correctos... pero no existen libros así. Los libros son como las personas, tienen posturas. No me imagino un libro que vea a la homosexualidad como una enfermedad y como un comportamiento normal, o un libro que apoye a la vez al creacionismo y a la evolución, o al modelo heliocéntrico y al modelo coperniconiano del sistema solar.

Viendo mi cara de confusión, el empleado tuvo compasión y me comentó que la librería El Arca es un negocio de la Legión de Cristo, y que por eso ciertos libross no se vendían... Y así es, busque en vano libros de Saramago, Sartre, de Michel Onfray o Richard Dawkins, pero claro habían libros que hablaban bien de Benedicto XVI y de Juan Pablo II. Bromeando me dijo que quizá no podrían vender libros de Shakespeare como Otello, ya que ahí la esposa es asesinada, y matar, claro, es pecado mortal. En ese caso pensé yo, ¿cómo se podría vender la Biblia, donde el mismo Dios se pone de lado de sangrientas batallas?

Al menos las librerías evangélicas son honestas, se anuncian así, pero El Arca se anuncia como una librería cool, que hasta tiene cafetería y sección de libros de arte, aunque no creo vendan libros de fotos de Richard Mapletorpe.

Carl Sagan recuerda en su libro una frase de Teofrastato, quien vivió durante la fundación de la Biblioteca de Alejandría: la superstición es cobardía ante lo divino.

Flaco favor la hace la Legión de Cristo a Dios al censurar la venta de libros en su librería. ¿Acaso Dios nos habrá dado la razón para solo leer lo que la Legión nos dice? Honestamente no creo...

Pero el odio a los libros, y la idea de convertir la creencia privada en política pública continúa. Andrew Sullivan comenta hoy en su blog como Sarah Palin, la candidata a vicepresidente de McCain, quiso censurar libros de la biblioteca municipal de la ciudad que gobernaba cuando fue alcaldesa en Alaska, y como amenazó con despedir a la bibliotecaria por no apoyarla.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Me parece una divisa comercial poco apropiada para una librería, si bien tiene un nombre, hm, "teocrático"?

Los libros también dan testimonio de la verdad, y del error (¿y acaso no es encomiable el error cuando sirve para edificar?)Como dices, la propia Biblia, donde se condensa la historia de la infamia humana, se encontraba, paradójicamente, ahi...¿Y que hay acaso de los grandes clásicos?

El fanatismo de los millonarios de Cristo es alarmante, no sé... me da escalofríos.

He oido de la tal Sarah Palin... decir que "la guerra en Irak cumple la voluntad de Dios..."

Dios !